¿Fue la Biblia Manipulada Con Los Años?

may 29, 2022

Estimado lector,

Antes de la invención de la imprenta, los escribas copiaron las Escrituras a mano por más de 1,000 años. Sin lentes, y a la luz de una vela ¿Es posible que esto haya salido mal? Muchos críticos y autores han salido a decir que este escenario es real y por tanto la Biblia no es de fiar. Con estas cuestiones en mente, veamos la historia de los textos bíblicos para ver que nos dicen los registros históricos.

Probablemente los Evangelios se escribieron entre 35 y 75 años después de la muerte de Jesús, la historia sugiere que las fuentes de los Evangelios del Nuevo Testamento fueron testigos oculares de la vida de Jesús. El Evangelio de Marcos surgió alrededor del año 65 d.C; los Evangelios según Mateo y Lucas comenzaron a circular aproximadamente una década después. El Evangelio de Juan parece haber sido escrito alrededor del año 90 d.C. El surgimiento del Evangelio de Marcos, solo 30 años después de la muerte de Jesús, hace posible que los Evangelios hayan sido escritos por testigos presenciales.

EVANGELIO FECHA
(Aproximada)
FUENTE
Marcos 65 d.C. Pedro, escrito por Marcos
Mateo 75 d.C. Mateo
Juan 75 d.C. Lucas, compañero de Pablo
Lucas 90 d.C. Juan

También tenemos la preservación no escrita. En una cultura que transmitía información oralmente, era posible que las historias siguieran siendo fiables durante períodos de tiempo notablemente largos. Especialmente entre los antiguos judíos, las enseñanzas importantes se decían y volvían a contar en patrones rítmicos y repetitivos para que los estudiantes pudieran memorizar las verdades clave. De esta forma, fue posible que las enseñanzas y los relatos de eventos históricos permanecieran sorprendentemente consistentes de una generación a otra.

Recordemos también que los Rollos del Mar Muerto demostraron cuán cuidadosamente se había copiado el Antiguo Testamento a lo largo de los siglos. Alrededor del año 900 d.C; casi un milenio después de la época de Jesús, grupos de escribas judíos conocidos como masoretas comenzaron a copiar los textos del Antiguo Testamento de acuerdo con pautas estrictas. Hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, estos textos masoréticos eran los más antiguos disponibles. Cuando se desenterraron los Rollos a mediados del siglo XX, los eruditos hicieron una comparación del texto de Isaías de los Rollos del Mar Muerto versus el texto de Isaías conservado por los masoretas.

Aunque más de 1000 años los separaban, ambos textos coincidían palabra por palabra más del 95% de las veces. Las diferencias restantes surgieron principalmente de variaciones ortográficas menores. Incluso los rollos que difieren un poco más que los rollos de Isaías, por ejemplo, las copias de 1 y 2 Samuel y Deuteronomio, no difieren de ninguna manera que afecte alguna creencia judía o cristiana crucial.

El papiro 52 de John Rylands registra porciones de Juan 18. El estilo de escritura y el material sugieren que este fragmento fue copiado alrededor del año 110 d.C.

Debemos saber que con más de 5.700 manuscritos y fragmentos del Nuevo Testamento a nuestra disposición, sería imposible que alguien hubiera modificado partes importantes del Nuevo Testamento sin que los cambios se notaran fácilmente. En los pocos casos en que se intentaron cambios, el texto original puede ser restaurado fácilmente examinando los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento.

Si bien es cierto que Atanasio fue el primer autor en enumerar exactamente los mismos 27 libros que encontramos hoy en el Nuevo Testamento. Desde el principio, los cristianos aceptaron unánimemente los cuatro Evangelios, Hechos, las cartas de Pablo y la primera epístola de Juan. Aunque las disputas sobre algunos libros del Nuevo Testamento duraron hasta el siglo IV, existió un acuerdo generalizado entre los cristianos sobre qué escritos tenían autoridad desde el siglo I en adelante. El estándar principal era este: El testimonio de los testigos presenciales del Señor resucitado. Desde el principio, el testimonio autorizado sobre Jesucristo tenía que tener su fuente en los testigos que presenciaron a Jesús. Las personas con mayor probabilidad de saber la verdad eran los testigos presenciales que se habían encontrado con Jesús personalmente o sus asociados cercanos.

Aunque los debates continuaron hasta el siglo IV sobre algunos escritos, incluyendo las cartas de Pedro, la 2da y 3ra carta de Juan, y las cartas de Santiago y Judas, los cristianos universalmente estuvieron de acuerdo sobre la autoridad de no menos de 19 de los libros del Nuevo Testamento, y estos son los escritos que reflejan algunas de las verdades más esenciales acerca de Jesús.

Al decidir qué escritos del Antiguo Testamento aceptar, los cristianos adoptaron la misma lista de libros que el pueblo judío. Cuando se tradujo la Septuaginta, una versión popular en griego de las Sagradas Escrituras judías, alrededor del año 200 a.C., los traductores incluyeron algunos escritos judíos que nunca aparecieron en las Escrituras hebreas y que los rabinos judíos rechazaron alrededor del año 90 d.C. Las iglesias católica romana y ortodoxa oriental reconocen estos libros adicionales de la Septuaginta como autorizados; estos escritos aparecen en las Biblias católica romana y ortodoxa oriental como "deuterocanónicos" o libros "apócrifos".

Los sermones del teólogo Orígenes de Alejandría del siglo III reconocieron claramente la autoridad de los escritos del Nuevo Testamento.

Aunque los manuscritos originales de los autores bíblicos se han perdido, probablemente para siempre, las copias que poseemos hoy reflejan fielmente el mensaje inspirado de los autores originales. Los antiguos no veían ninguna razón para reverenciar los manuscritos originales de personas importantes y, una vez que los documentos se desgastaban demasiado para leerlos con facilidad, no conservaban los manuscritos originales. En cambio, hacían copias confiables y quemaban o enterraban los originales. De vez en cuando, se raspaba la tinta del original y se reutilizaba el pergamino.

En Egipto se han encontrado muchas porciones del Nuevo Testamento que fueron copiadas entre los años 100 y 200 d.C; es muy posible que los escribas copiaran al menos algunos de estos documentos de los manuscritos originales. Sin embargo, lo que más importa no es la antigüedad de los manuscritos existentes, sino su fiabilidad. Cuando se comparan los manuscritos, concuerdan completamente en un 99% de las veces.

La Biblia ha resistido miles de intentos desacreditar su autoridad, y sin embargo, ninguno ha tenido éxito. La verdad y la autoridad de las Escrituras se mantienen firmes, a pesar de todo intento de hacerlas ineficaces ¿Se puede confiar en la Palabra de Dios? Absolutamente. Gracias por leer el newsletter de esta semana. No olvide compartir el material con sus familiares y cercanos desde este enlace.

Leonardo M.


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