Estimado lector,
Comprender esta doctrina es fundamental para cualquier creyente, ya que sin la certeza de la salvación, no se puede profundizar en otros aspectos más profundos de la Biblia.

Llega a ser muy interesante la claridad con que Juan presenta el concepto de la vida eterna. En su primera epÃstola, afirma que Dios nos ha dado vida eterna y que esta vida reside en la persona del Hijo de Dios.
"Y éste es el testimonio, es a saber, que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene vida. Yo he escrito estas cosas a vosotros que creeis en el nombre del Hijo de Dios; para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios."El que tiene al Hijo tiene la vida eterna, una vida que por su propia naturaleza divina es eterna, no temporal ni mortal, y es establecida sobre la fe y no sobre los actos fÃsicos (Efesios 2:9). No se trata de una esperanza vaga o de algo que se obtiene solo al final de la carrera, sino de una posesión presente.
–1 Juan 5:11-13
Esta unión con la persona que nos salvó se ilustra a través de la unidad del cuerpo de Cristo descrita por Pablo (1 Corintios 12:15-27). Al ser integrados como miembros de Su cuerpo, pasamos a formar parte de un organismo donde cada parte es indispensable y está unida a Dios mismo.
La Escritura enseña que no hay división ni posibilidad de que un miembro sea arrancado. Nuestra seguridad descansa en la integridad del cuerpo de Cristo, mientras el Cuerpo permanezca, el creyente permanece, independientemente de sus propias limitaciones o de su falta de obediencia.
El propio Cristo reforzó esta verdad con una promesa de protección al declarar que Sus ovejas nunca perecerán y que nadie las arrebatará de Su mano:
"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; Y yo les doy vida eterna, y para siempre no perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi Padre somos uno."Esta enseñanza presenta una fuerte seguridad por la persona del Hijo y respaldada por el Padre, una barrera que ningún poder externo puede vulnerar. Jesús no dejó espacio para la duda al usar términos absolutos sobre la posibilidad de que alguien sea arrebatado de Su mano.
–Juan 10:27-30
A esta mención se le suma la función bÃblica del EspÃritu Santo, quien actúa
como una marca sobre el cristiano (Efesios 1:13-14). Este sello o marca no es
una idea filosófica, sino una garantÃa espiritual pero tangible de nuestra
herencia hasta el dÃa que habitaremos la Nueva Jerusalén (Revelación 22:4).
Por tanto, estamos bajo la garantÃa de las tres manifestaciones de Dios. Si el EspÃritu Santo ha puesto Su sello sobre un alma, ningún pecado ni potestad puede romper esa marca, asegurando que el individuo salvo llegará a su destino final a pesar de las caÃdas en el camino.
Cuando una persona nace de Dios, experimenta una transformación que es irreversible. La Biblia explica que esta nueva naturaleza espiritual posee una simiente que no practica el pecado, lo que significa que la identidad del creyente está separada de su antigua vida.
Otro aspecto importante es distinguir entre la salvación, que es segura, y las recompensas, que dependen de nuestro servicio y fidelidad diaria. En el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), nuestras obras serán probadas por fuego para determinar su valor eterno.

La salvación no está en riesgo en ese juicio, lo que está en juego es el galardón y la corona que se obtienen por las obras que hacemos. Pero el sello del EspÃritu Santo se mantiene hasta el dÃa final, asegurando nuestro lugar en el cielo (Efesios 4:30).
Saber que el sacrificio de Cristo fue suficiente para eliminar el pecado pasado, presente y futuro, otorga una paz que la salvación por obras nunca podrá ofrecer. Esta seguridad permite al cristiano servir a Dios con alegrÃa y sin intereses ocultos, sabiendo que su salvación ya ha sido asegurada por la sangre en la cruz.
Saludos y buena semana.
Leonardo M.
Por tanto, estamos bajo la garantÃa de las tres manifestaciones de Dios. Si el EspÃritu Santo ha puesto Su sello sobre un alma, ningún pecado ni potestad puede romper esa marca, asegurando que el individuo salvo llegará a su destino final a pesar de las caÃdas en el camino.
Cuando una persona nace de Dios, experimenta una transformación que es irreversible. La Biblia explica que esta nueva naturaleza espiritual posee una simiente que no practica el pecado, lo que significa que la identidad del creyente está separada de su antigua vida.
"Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente mora en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios."Un concepto clave para mantener esta seguridad es entender la circuncisión espiritual mencionada en Colosenses, la cual representa una separación definitiva entre el espÃritu del creyente y su cuerpo de pecado (Colosenses 2:11-13). Es el cuerpo el que sigue pecando, pero el espÃritu ya no está unido al cuerpo, como en el caso de una persona no salva. Este es el corte definitivo que hace la Palabra como la espada de dos filos (Hebreos 4:12).
–1 Juan 3:9
Otro aspecto importante es distinguir entre la salvación, que es segura, y las recompensas, que dependen de nuestro servicio y fidelidad diaria. En el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10), nuestras obras serán probadas por fuego para determinar su valor eterno.
"La obra de cada uno será hecha manifiesta; porque el dÃa la declarará; porque por el fuego será revelada, y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba. Si la obra de alguno que prosiguió el edificio permaneciere, recibirá el galardón. Mas si la obra de alguno fuere quemada, sufrirá pérdida: él empero será salvo, mas asà como por fuego."Es posible que un cristiano salvo vea sus obras consumidas por haber vivido ligeramente o con falta de compromiso, pero el texto es claro: el individuo mismo será salvo, aunque sea "como por fuego".
–1 Corintios 3:13-15

La salvación no está en riesgo en ese juicio, lo que está en juego es el galardón y la corona que se obtienen por las obras que hacemos. Pero el sello del EspÃritu Santo se mantiene hasta el dÃa final, asegurando nuestro lugar en el cielo (Efesios 4:30).
Saber que el sacrificio de Cristo fue suficiente para eliminar el pecado pasado, presente y futuro, otorga una paz que la salvación por obras nunca podrá ofrecer. Esta seguridad permite al cristiano servir a Dios con alegrÃa y sin intereses ocultos, sabiendo que su salvación ya ha sido asegurada por la sangre en la cruz.
Saludos y buena semana.
Leonardo M.
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